Día 59 en La Haya
Hoy escribiré sobre una bonita tradición holandesa: Sinterklaas y Zwarte Piet.
Sinterklaas es el equivalente al Nikolaus alemán o al Papá Noel/Santa Claus de toda la vida. Es un tipo vestido como el Papa, pero en rojo pasión. Viene a principios de diciembre a dejar sus regalos en las casas de los niños holandeses que se han portado bien. Hasta aquí, nada extraño. Sinterklaas, sin embargo, tiene algunas particularidades: llega en barco a Holanda (nada de volando en un trineo tirado por Rudolph ni nada de eso), y por lo que he visto este año, parece ser que llega vía La Haya (aunque puede ser que cada ciudad portuaria tenga su llegada de Sinterklaas). Es un personaje que llega de España, y no de Oriente ni de Escandinavia ni mariconadas de ese tipo... Y viene acompañado de un paje o esbirro más negro que el tizón, que se hace llamar Zwarte Piet, o Pedro el Negro.

Atención al detalle de la bandera española y de cómo se quita el guante para hacer como si habla por el móvil... ¡Sin móvil!
En lo de llegar en barco al país se parece bastante a la versión barcelonesa de los Reyes Magos (siempre me chirrió bastante de pequeño que hubiera dos llegadas con una afluencia masiva de niños a lo que yo por aquel entonces consideraba España de los Reyes Magos... Supongo que aprendería a no hacer caso a algo que escapaba a las leyes de la ciencia de un crío de 6 años: los Reyes Magos auténticos eran los de mi casa, los que podía ver subiendo por Alcalá y los que, por supuesto, iban y siguen yendo muchísimo mejor caracterizados que los de Barcelona, ¡dónde va a parar!). Se diferencian en la bandera española. Un Rey Mago que osara presentarse así en el Puerto de Barcelona, sólo sería recibido de dos maneras: con indiferencia o con abucheos. Y siendo bueno.
Como iba diciendo, llega en barco (este año se llama no sé qué Madrid), y como llega de España, es recibido en el puerto por la autoridad local pertinente y por el embajador español en Holanda. Se monta en un carruaje y se da un paseíto, lo que nosotros llamamos cabalgata, por toda la ciudad. Luego se marcha a darse otro garbeo por el resto de ciudades holandesas, vuelve el día 5 de diciembre, deja sus regalos, y el día 6 coge su barco, el no sé qué Madrid, y se vuelve a ir a España, en una ceremonia de despedida de nuevo multitudinaria. En esto también se diferencia de nuestros Reyes Magos: nosotros los recibimos con ansia, pero una vez que han dejado los regalos, ya se pueden ir a tomar por saco. Esta gente rubia tan extraña resulta que es educada, cortés y agradecida con alguien que les ha hecho regalos por la cara. Cuestión de carácter, o de educación.
Aunque lo mejor de todo es cómo le reciben los niños en las calles en este caso de La Haya. Me pregunto cómo es en España... Los padres, deslomados con sus hijos a caballito para que puedan ver al concejal de distrito con la cara embadurnada de betún. Los niños, aprendiendo a esquivar proyectiles en forma de caramelo ya desde muy pequeñitos. Pero, en resumen, todo se reduce a una masa de personas que miran, sin más.
En La Haya somos así de chulos:

Y así les va a los holandeses en según qué tema, y así nos va a los españoles.
