domingo, 21 de septiembre de 2008

IKEA, te ai lof yu



La globalización nos trae cosas buenas. Nos acerca al comunismo. Nada de zarandajas económicas, simplemente, todas las casas del mundo son iguales, y todo ello gracias al IKEA, que por poquitos € te vende muebles de conglomerado para que puedas sobrevivir al ambiente vacío de cualquier piso. Aquí en La Haya también hay, en un pueblecito a 12 kilómetros que se llama Delft. Es el pueblo natal de Jan Vermeer, y es el clásico sitio pequeño, lleno de canales, iglesias, bicicletas, y grandes centros comerciales.
Se coge el tren en la estación central de La Haya, te bajas a los 12 minutos, y luego coges el 80 o el 82 en dirección al IKEA. Sí, el IKEA es la última estación de estas dos líneas, hasta ahí llega el poder sueco. Una vez llegas, te encuentras ante el mastodonte. Todo igual de grande en todos los países.
Mi intención era modesta: una mesa y un par de sillas, como mucho. Después de buscar durante diez minutos, preguntar a una holandesa de ojos rasgados, y seguir dando vueltas, he localizado lo primordial: la mesa, y encima más barata que en España. He apuntado dónde poder cogerla, así como las sillas, y me he bajado al almacén.
Una vez allí, ha llegado la gran decepción: ¡el modelo de mi silla estaba agotado! En fin... Nada está perdido. A por la mesa VIKA... Que se divide en 4 patas + un tablero. Todo muy aparatoso. Consigo un par de bolsas de cartón para meter dos patas en cada una de ellas, y coger el tablero... Qué pesa una barbaridad, y es súper incómodo de llevar... Consigo acercarme a la parada del bus, donde un pakistaní me da conversación en un inglés macarrónico sobre su estancia en Alicante hace unos años. Es como Apu, pero medio calvo. Me subo en el 80 de vuelta, recorro todo el pueblo, medio Delft está en la plaza mayor (debe de ser) porque hay una feria, y están todos a base de salchichas y cerveza. Todo muy centroeuropeo.


Me subo en el tren de vuelta a La Haya, y lo mejor de la noche me espera: en un trayecto que normalmente dura 15 minutos, tardo 45, porque el tablero pesa mucho y tengo que llevarlo a pulso, de lo grande que es. Ahora todavía tengo agujetas.
Llego a casa, y tras cenar algo, monto la mesa. ¡TACHÁN! Todo quedaría mucho más realista con una foto de la susodicha, pero todo se andará.

2 comentarios:

Mar Corrales dijo...

¿Y la misteriosa fotógrafa no pudo ayudarte a llevar el tablón? Por favor, desarrolla eso de la conversación con un pakistaní en la parada de bus que vivió en Alicante... No te veo en esas... jajajajajajaja... ¡Exijimos fotos ya!

JP dijo...

Ya te imagino, todo cargado con el viento en contra usando el tablero a modo de vela para llegar cuáto antes a tu minipisito...En fin, k dura es la vida! Y encima el hombre pakistaní dandote conversación, si prou feines tenies pk no et caiguessin les potes, aix!! Queremos saber más!!Queremos fotos!!Por cierto, has empezado ya las clases?